Ideas y críticas historiográficas al XIX

Preparando las listas del lecturas para los exámenes del doctorado en historia creo que empiezo a tener una idea de algunas de las cosas que me encontraré en la producción académica hispanoamericana. El siglo XIX es el siglo de la construcción de las repúblicas, y/o/también de las naciones de América Latina. Es el siglo donde los pilares fundacionales de un montón de cosas que definen a los países de la región se siguieron asentando (pues esto no pasa en el vacío y hay un pasado colonial que pesa más bien harto) y echaron raíces.

En las historiografías nacionales se piensa a menudo en las organizaciones político-territoriales del XIX con criterios de organización del siglo XXI. Si miramos bien, Colombia no existía como tal para 1820, ni Venezuela, ni Quito. Sin embargo los historiadores se empeñan en estudiarlas como unidades individuales aun cuando entre 1810 y 1830 — por lo menos hacían parte de un todo-, concebido a partir de criterios de ordenamiento territorial coloniales, como lo fue virreinato de la Nueva Granada.

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Los jóvenes, la movilización y qué será de los verdes

No me acuerdo si para la campaña de Álvaro Uribe la gente se organizó voluntariamente de la forma como se organizanron mucho jóvenes para apoyar al candidato Antanas Mockus. El fenómeno fue impresionante, el poder de convocatoria a través internet fue increíble. Tal vez el antecedente inmediato que se me viene a la cabeza fue la marcha de “No más FARC”. Sin embargo, en términos de campañas políticas creo que el fenómeno de la marea verde no tiene precedentes.

Para las elecciones parlamentarias y de consultas internas del 14 de marzo la gente empezó circulando el mensaje “Todo el mundo dice que Antanas Mockus sería un buen presidente, sin embargo dicen que no votan por el por que no va a ganar. Y si todos votamos por el?”. Después Mockus ganó la consulta, pero globalmente ganó el Partido Verde por que nadie daba un peso. Ocho curules en el congreso, y 1’800,000 votos en la consulta. De ahí empezó a crecer la euforia. Columnistas como Héctor Abad Faciolince pidieron al candidato Sergio Fajardo de Compromiso Ciudadano, -con una propuesta que convergía con la de los verdes en varios puntos- que se uniera a Mockus. Finamente aceptó ser la formula vicepresidencial de Mockus y de ahí a la campaña se le potenció aun más el turbo que ya venía impulsado.

Al no vivir en Colombia seguí la campaña por internet y debo decir que fue impresionante. Ya sea que la gente crea en Mockus como un mesías o en la seriedad de un programa político no sólo encarnado por Mockus sino por su equipo, los jóvenes se pusieron la camiseta. Al buscar el facebook durante época de elecciones el nombre “Antanas Mockus” aparecieron 118 resultados. Entre ellos aparecen páginas que apoyan sólo a Mockus, a Mockus y a Fajardo, o grupos de Montería, Cúcuta, Santa Marta, Sincelejo, Barranquilla, Cartagena, Popayán, Manizales, Cali, Valledupar, . O caucanos con Antanas, jóvenes de 18 a 40 con Mockus, camisetas por Antanas Mockus. Sumado a estos grupos están los de Colombianos en el exterior con Antanas Mockus, y de ahí un montón de páginas apoyado la marea verde en diferentes ciudades del mundo. Un hecho peculiar, es el apoyo que ha suscitado entre los actores de la farándula criolla quienes hicieron un video-propaganda invitando a votar por Antanas. Además está el grupo de los creativos con Antanas Mockus que han diseñado más de 100 afiches diferentes además de videos, animación y canciones para apoyar al candidato.

El  reto era que ese apoyo evidente en las redes sociales en internet se tradujera en votos reales. Sin embargo la marea se desinfló cuando pasó de la pantalla de facebook al tarjetón. Muchos elementos debe explicar lo que pasó. Sin embargo, ahora que los verdes no llegaron a la presidencia se deben rescatar algunas cosas. Hay un capital político en los miles de jóvenes que se unieron a la campaña y hay que invitarlos a que se unan al partido verde. Se debe pensar ya no en Mockus como figura presidenciable, sino en el Partido Verde, como fuerza política que necesita consolidarse a nivel nacional. Hay que empezar a labrar el camino para que el proyecto de los verdes llegue a los diferentes niveles del poder: municipal, departamental, nacional. Para ello, se debe jugar el juego de la política sin que ello implique que sea sucia. Es sano que Mockus replantee su aversión a la política y entienda que al poder se llega con alianzas y que negociar ciertas cosas no es necesariamente caer en actos de corrupción. En el fondo, Colombia necesita sacar del fondo del abismo del desprestigio la imagen de los políticos y de la política. El proyecto de los verdes puede convertir en un actor fundamental para este fin.

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Sobre bicentenarios de diferente categoría

Con motivo del bicentenario de la independencia mexicana la Universidad de Texas en Austin ha organizado un número de eventos con el objetivo de discutir el tema. En Texas América Latina es sinónimo de México. Si bien el bicentenario acá tiene nombre propio, México, otros países como Chile y Colombia también celebran en 2010 la conmemoración de los procesos de independencia. Sin embargo, hasta ahora la discusión del bicentenario  se ha centrado en México.El bicentenario de Colombia fue el pasado 20 de julio, si, así como lo oyen, fue primero que el tan celebrado mexicano que se celebra en septiembre, y sin embargo por estas latitudes pasó sin pena ni gloria.

Me pregunto sobre las geografías del poder y el conocimiento que ponen a México en el centro de las discusiones historiográficas en la academia gringa.  ¿Cuáles son las razones que explican la preeminencia de México en la agenda académica estadounidense además de la evidente importancia de las olas migratorias y el pasado “mexicano/español” de estados como California y Texas?

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Argumento va argumento viene

Esta circulando en internet un artículo que se llama “Yo no lo doy por una flor” de la colombiana Maritza Castrillón Silva en el cual ataca a Antanas Mockus con argumentos que a mi juicio son más producto de la desinformación que de un análisis juicioso. Acá está el link del artículo: http://www.pensamientocolombia.org/DebateNacional/?p=9204

Si hacemos el mismo ejericicio de descalificación de los candidatos por sus actuaciones pasadas, como lo hace la autora del artículo, Juan Manuel Santos sale muy mal librado. Durante su gestión como Ministro de Defensa el número de ejecuciones extrajudiciales ascendió a las 2000. Los colombianos deberíamos estar indignados y darle dar nuestra sanción social, moral y electoral a Santos por los mal llamado “falsos positivos”.

En la cartera de defensa Santos fue negligente frente al tema y permitió que el número colombianos inocentes asesinados llegara a más de 1500 antes de reconocer su gravedad y tomar las medidas necesarias para evitarlo. Las primeras reacciones de Santos fueron desestimar las denuncias, restarles importancia, y hasta atreverse a decir que los falsos positivos eran montajes de la guerrilla. (ver artículo http://www.elespectador.com/noticias/judicial/articulo88049-el-mindefensa-reconoce-ejecuciones-extrajudiciales)

De igual forma, Santos como impulsor de la política de recompensas que generó incentivos perversos que exacerbaron el fenómeno de las ejecuciones extrajudiciales (por que esto ha pasado en Colombia desde antes) no tuvo, al igual que Uribe, la nobleza de reconocer que hay aspectos de la política de seguridad democrática que había que reformar. Su respuesta fue destituir a un montón de militares, como si la solución a esa práctica estuviera en eliminar a una serie de “elementos antisociales” de las filas castrenses. Mientras tanto miles de jóvenes inocentes murieron.

A mi esto me indigna demasiado y en verdad creo que lo que proponen Mockus y los verdes nos van a yudar a cambiar la retórica del odio, la intolerancia, del todo vale y la polarización en la que Colombia ha estado sumergida en los últimos años. Lo más importante es estar bien informados y no creer todo lo que circula por ahí, la desinformación es uno de los principales enemigos de la democracia.

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Marea Verde en Austin

Apoyando a Mockus y al Partido Verde desde Austin Texas

Keep Austin Green!

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¿Por qué Mockus?

Son muchos los problemas que quedaron por fuera de la agenda política en los últimos 8 años y los cuales tenemos hoy la oportunidad histórica de incluir. Esta oportunidad está representada en Antanas Mockus y su Partido Verde que hoy está muy cerca de llegar a la presidencia con ideas y propuestas refrescantes que le apuntan a una revolución cultural en Colombia. Una revolución que cambiará la retórica del odio, la intolerancia y la polarización en la que el uribismo nos sumió, pero sobre todo, una revolución que busca atacar la ilegalidad en todas sus formas y que promueve cambios a largo plazo donde la EDUCACIÓN es clave.

Creo que es importante que creamos en este proyecto no como uno sólo de Mockus, sino un proyecto de partido y de la ciudadanía. Ya vimos el daño que la personalización de la política le ha hecho a la democracia colombiana en los últimos 8 años. Algunas de las ideas de Mockus y de su partido se resumen en la siguiente colección de frases que recogí de sus intervenciones en público y del programa de gobierno de los verdes. Si usted no tenía partido ni filiación política “párele bolas” a lo que los verdes proponen.

1.”Quiero ser presidente de Colombia por que siento que tengo la capacidad de transformar fuertemente la sociedad colombiana donde cada vida se vuelva sagrada, cada peso público se gaste bien, donde la ilegalidad sea reducida al máximo.”

2. “Creo ser capaz de poner lo mejor de mi pero sobre todo de convocar a la gente para que ponga lo mejor de sí.”

3. “No por ganar batallitas a corto plazo vamos a sacrificar la viabilidad del país a largo plazo”.

4. “Trato de que el odio no crezca y sí crezca la indignación.”

5. “Sobre las Farc, lo que he tratado de resumir es que mientras hablen el lenguaje del secuestro no hay nada que hablar con ellos; mientras no se acojan a la Constitución no hay nada que hacer. Acogerse a la Constitución es renunciar a la toma del poder por las armas.”

6. “Con educación se puede todo. Se puede mejorar la convivencia, el respeto mutuo, el buen trato. Se puede mejorar la productividad (…). La educación es la llave que abre todas las puertas del futuro. La eduación es también la clave para dejar atrás la violencia.”

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¿Y los últimos 8 años qué?

En el 2003 cuando estaba escribiendo mi tesis de pregrado en Ciencia Política empezaba en Colombia lo que algunos llamarían la era Uribe. Con el antecedente de un proceso de paz fallido con las FARC en el gobierno de Pastrana, Uribe llegó a la presidencia canalizando los sentimientos de las mayorías cansadas de intentar una salida negociada al conflicto sin resultado alguno. De repente nos vimos alineados con la lucha antiterrorista de Bush después del 11 de septiembre de 2001. En Colombia ya no se hablaría de conflicto armado sino de terrorismo, y el discurso y política oficial del gobierno Uribe estarían basados en la militarización de la seguridad, en las Fuerzas Militares como responsables de acabar la guerra, o más bien, el terrorismo. La política de la mano dura interpretó el cansancio de un país que llevaba muchos años de violencia, extorsión, secuestros, bombas y asesinatos. Con esa interpretación del sentimiento de la mayoría vino también una laxitud ética y moral cuando de enfrentar a las FARC de trata. Lo que algunos consideran costos aceptables del fin último de acabar con la guerrilla, otros como yo, vemos que los límites de la ética y la moral se expandieron demasiado y a unos costos que en largo plazo pueden ser peores.

Dicen los violentólogos que la violencia bipartidista en Colombia funcionaba con la lógica de los odios heredados: a mi papá godo lo mata un liberal, en consecuencia yo vengo la muerte de mi padre y mato liberales. La dialéctica del odio heredado ha generado espirales de violencia que se reproducen constantemente. Es la lógica de la violencia, del “ojo por ojo, diente por diente.” La violencia guerrillera y paramilitar opera en una lógica similar. El paramilitar cobra sentido en una lógica de la vengaza, aun cuando es sabido que no todo su surgimiento se remonta a la lucha antiguerrillera, y que si se desagrega regionalmente el narcotráfico aparece en la ecuación. Con la llegada de Uribe al poder, el discurso oficial frente a la guerrilla se enquistó no solo en la descalificación, condena y ataque frontal al ahora llamado “terrorismo”, sino en la descalificación de cualquier crítica que intentara abrir espacios para volver a pensar en una paz negociada.

Rápidamente llegamos a un ambiente de polarización política en el que todo el que no fuera uribista se presumía guerrillero, y todo el que fuera uribista se presumía cómplice del paramilitarismo. Pero, de ¿dónde nace la falla que causó que la sociedad colombiana se envolviera en un espiral de odios donde la descalificación del que piense diferente se convirtiera en una constante? Creo que gran parte del problema es la reducción, si, reducir el problema a una mínima expresión, tan primaria y estrecha, que no deja campo para pensar al país y sus problemas en un espectro de posibilidades amplio y complejo. La falla nace en el momento en el que nos creímos el cuento de que El Problema de Colombia son las FARC. Con esto no quiere decir que las FARC no sean un gran problema. Pero más que eso, son la expresión de un conjunto de problemas más complejos que superan el solo tema de la seguridad.

Los estudiosos de la violencia en Colombia llevan años intentando desentrañar las lógicas de la violencia en Colombia y sus causas objetivas. En el momento en que el gobierno de Uribe conceptualizó lo que pasa en Colombia como “terrorismo” le dio un portazo a la posibilidad de que los académicos que con tanto ahínco han estudiado el problema entraran a tener una interlocución con el Estado en la manera como afrontar el problema de la violencia. Peor aun, cerró la posibilidad de llegar al menos en el mediano plazo a una eventual negociación con la guerrilla. La palabra a la que toda Colombia parece tenerle más miedo aun que a la misma guerrilla hoy en día es El Caguán -municipio donde se estableció la mesa de negociación con las FARC en 1998-. Otros asuntos de la agenda política quedaron relegados a segundo plano bajo la premisa que sin seguridad no puede haber crecimiento económico.

Pareciera que las políticas sociales quedaron suspendidas mientras lográbamos salir de ese problemita del terrorismo de las FARC. ¿Y que pasó? Han pasado 8 años de la política de seguridad democrática y aun no hemos podido cantar la victoria frente a las far. Sin embargo, es de resaltar la reducción del secuestro, de la toma a pueblos, la seguridad en las carreteras y en muchos rincones de Colombia donde nunca había hecho presencia la fuerza pública, etc. Pero mi argumento es que esa política de seguridad es una política de contención, una que en el corto plazo tiene resultados aparentes pero que realidad es un espejismo. Si se le juzga en el largo plazo no creo que se haya avanzado en la dirección correcta. Se invirtieron unos recursos incalculables y se rompieron las fronteras entre la legalidad y la ilegalidad bajo el amparo de ese fin tan noble que es acabar con la guerrilla. En el fondo no se removió el meollo del asunto, lo que ha causado históricamente que surgiera un descontento que se tradujera en la formación de guerrillas que buscaban llegar el poder para reivindicar unas luchas que tienen que ver con lo agrario y con la exclusión política y social. Esos son asuntos, que aun cuando la naturaleza de la guerrila es diferente hoy, no podemos ignorar. Sumado a lo anterior creo que una gran ausencia del debate político de los últimos 8 años ha sido el tema del narcotráfico.

En el terreno de la laxitud ética y moral profundizamos rasgos no muy bonitos de la idiosincracia del país. Me refiero a la idea de que el fin justifica los medios (ej. los falsos positivos, las chuzadas del DAS, la parapolítica, el bombardeo al campamento de las FARC en Ecuador, premiar con recompensas asesinatos de cabecillas de las FARC), a la cultura del más vivo, en últimas a la aceptación de la ilegalidad con tal de conseguir fines que pueden ser muy nobles. Sumado a esto la retórica oficial de descalificar al que piense distinto reforzó la intolerancia, el odio, y la polarización. Si lo miramos en el largo plazo avanzamos en la dirección que no era. La sociedad colombiana se volvió cómplice de la ilegalidad y profundizamos los valores equivocados. Yendo más allá de lo discursivo, las víctimas del conflicto salieron perdiendo cuando los altos jefes paramilitares fueron extraditados en detrimento de la verdad y la reparación. También las otras verdaderas víctimas de 8 años de seguridad democrática, que en aras de la dinámica del “todo vale” quedaron atrapadas entre dos fuegos, son los más de 4 millones de desplazados internos que tiene Colombia. ¿Y quién habla de los desplazados? Claro, como no hay desplazados famosos como si hay o hubo secuestrados famosos en el gobierno los desplazados son simplemente migrantes internos.

En un país que busca es la paz necesitamos empezar por entender que el problema de Colombia no es uno sino muchos, y que hay formas de pensar y de actuar que se pueden empezar a modificar desde el mismo lenguaje que usemos para referirnos al otro. La sociedad colombiana necesita empezar a pensar en el posconflicto, y en ese sentido en temas como la reconciliación y la reinserción. Esta tarea difícilmente será exitosa si no empezamos a resolver lo que estructuralmente ha generado la violencia y la desigualdad en Colombia junto con los elementos que se le han sumado en el camino como el narcotráfico.

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