Alo, alo?

Y al fin decidí conectarme al mundo de los bloggers, de la opinión online. En la blogósfera lo que se escribe llega a las pantallas de desconocidos sin pasar por dolorosos procesos de edición más que los propios. Acá no importa quiénes seamos y que tan bien escribamos, lo que importa es que podemos decir lo que pensamos y entrar en la falsa ilusión de creer que es importante. Me decidí además por que por ahí me han dicho que el ejercicio de escritura constante es una buena forma de procesar las ideas, y en este mundo doctoral en el que ando la escritura es clave. Mi otro aliciente es el panorama político de Colombia hoy.

Entonces sin más ni más voy a publicar mis ejercicios de escritura en El Teodolito. El teodolito es un pequeño telescopio que le sirve a los topógrafos e ingenieros para medir distancias y desniveles. Mi teodolito particular le dará una medida a varios temas. Contrario al teodolito de los ingenieros, que necesita ser ubicado en un plano perfecto para que sirva, el mío será el teodolito de los terrenos inestables y pantanosos,  de la imprecisión, del ángulo inexacto, del corazón y no de la razón. Eso si, si no me sirve para hacer mediciones exactas me servirá para otras cosas. Para mirar desde lejos lo que pasa, para cambiarle los lentes y ver borroso, para ver de otros colores, y a veces para ni siquiera ver. Ya se que estoy distorsionando el uso de un instrumento científico diseñado para disciplinar los sentidos y lograr observaciones exactas del mundo natural. Pero se trata precisamente de eso, de bajarse de la nube del blanco y negro, de lo exacto y lo inexacto. Se trata entonces de matizar.

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